

Virginia Calvo (Madrid, 1966) es una artista multidisciplinar que nos enseña que las herramientas más sencillas pueden albergar la fuerza más poderosa. Licenciada en Bellas Artes por la Universidad Complutense de Madrid, Virginia decidió un día que el pincel y el lienzo no eran suficientes para lo que quería contar. Necesitaba una nueva aliada, una compañera que le permitiera tejer narrativas, trabajar metáforas y abordar temáticas como la maternidad, el feminismo o la violencia de género. Y sin dudarlo, adquirió una máquina de coser que le permitiría descubrir un mundo de posibilidades al transformar la tela usada en un discurso artístico profundo y conmovedor.
El arte de Virginia Calvo es, ante todo, un espacio vivo en constante transformación. Sus creaciones no son cuadros, sino ecos cosidos, donde cada puntada es como un verso y cada trozo de tela gastada se convierte en un fragmento de memoria que toca a todas y a todos. Es una terapeuta que une lo roto; una tejedora que confecciona piezas que son trozos de vida, incrustando en ocasiones palabras propias o de otros para darle aún más voz a sus lienzos de tela. Es la Penélope del siglo XXI que cree firmemente que el arte debe ser un lugar de encuentro donde la belleza, incluso aquella que nace del desafío o la denuncia, nos haga mejores. Por eso, su obra es un manifiesto poético que alza la voz por la dignidad de las mujeres en instalaciones como Líneas de sangre, caminos de vida.
Virginia no confina su arte a las galerías; lo siembra en el exterior. En su lenguaje visual, la espiral es un símbolo fundamental. Esta forma, que encontramos en la naturaleza de manera constante, es para ella la imagen de la infinitud y, de forma muy íntima, está ligada a los ciclos naturales y femeninos, evocando el vientre materno y la vida. Por eso, al ver su Jardín con espirales, nos invade el deseo de crecer y explorar un mundo íntimo forjado por la suma de sueños y vivencias. Y es que sus intervenciones en el espacio público y la naturaleza son actos de poesía: la quietud del Bosque de ninfas (León-Burgos), la solidez de Arandando (Aranda de Duero) o el reposo de Serena (Salamanca).
Pero el motor de su corazón artístico vibra en el encuentro. Ella nos invita a participar, concibiendo el arte como un ritual de sanación colectiva. A través de proyectos participativos como Conectad@s, El muro de las lamentaciones o Casadas con la vida, Virginia transforma la costura en una liturgia social. En estos espacios, las manos y las palabras del público se unen a las suyas, tejiendo de forma literal y simbólica la voluntad de un futuro más justo. Su legado es un tapiz de voces, sueños y denuncias, una prueba de que la fragilidad de un simple hilo puede contener la fuerza más indomable.
Nieves Alberola Crespo
Universitat Jaume I de Castelló
Camino de ida y vuelta
La mirada de Virginia es la mirada de una mujer que aun estando despierta es capaz de asomarse al interior onírico que reside en ella. Podría decirse que es la mirada de una poeta. Poeta, de ese gremio que el admirado Jorge Luis Borges definió como los que ejercen el oficio de cambiar en palabras su vida. Virginia Calvo siempre va más allá de las palabras. En su interpretación creadora, esta artista de utopías, otorga argumentos poéticos a su obra multidisciplinar. Argumentos que surgen del interior de su alma femenina y que se agrandan hasta transformarse en la fuerza espiritual que grita al mundo su propia corporalidad (tan necesaria para el contacto con el entorno), y que le permite descubrir a un tiempo su yo y el mundo que la rodea. Virginia crea con mirada de poeta, aquella que contempla y crea para comprender. Cuando obra el prodigio de la creación pone en marcha todas sus facultades: sensibilidad, afectividad, memoria, fantasía creadora, intuición simbólica, intelección, reflexión… Una puesta en valor de todo su mundo. Un mundo de formas y valores sensibles. Un mundo, que a la mirada de la artista, es siempre algo nuevo, un hoy virgen y bello, como decía Stéphane Mallarmé. Pero no debemos caer en la simplificación y otorgar una interpretación enteramente idílica a la expresión poética en la obra de Virginia Calvo. No vayamos a creer que estamos ante la expresión de un bucolismo exacerbado; porque la obra de la artista es, ante todo, una poesía social, en toda su extensión. Es un asomo constante de rebeldía, el reflejo que observamos en su rostro sereno e irónico, donde descuella la dignidad de una mujer comprometida en la denuncia de la realidad que nos rodea para concienciar al mundo de la injusticia social. Se vale, la artista, del mundo de los sueños, de la mitología, de los cuentos y del mundo de la mujer como fuentes de inspiración para su trabajo; todo ello hilvanado o por separado, pero con esa característica dulzura poética en su lenguaje expresivo, que le permite descubrir nuevas realidades, construir el conocimiento, desarrollar lo estético y teórico, desvelar la verdad y plantear o replantear reflexiones, acciones y la transformación de la desigualdad social. El camino de Virginia Calvo es siempre un camino de ida y vuelta, que nunca tiene fin: añora la riqueza del viaje originario, y va del laberinto primigenio al intento de dar y descubrir sentido, y vuelve a él una y otra vez, como sus imperecederas espirales.
Nicanor García Ordiz
Hay muchos que piensan que estamos solos en este mundo. Que los seres de fantasía viven tan sólo en nuestra imaginación, que son quimeras fruto de los delirios de un loco. Y hay otros que saben que eso no es cierto.
Ella es una de esos afortunados. Las hadas la visitaron de pequeña y le susurraron al oído mientras dormía. Le contaron historias de lugares lejanos que nadie ha pisado jamás, le hablaron de seres extraños que habitan los sueños de quienes aún no han perdido la esperanza. Y le regalaron su magia, tal vez de forma inconsciente. Ni ellas mismas saben lo que sucedió con exactitud.
Pero esa magia no se perdió entre las nieblas de la ilusión. Porque ella, aunque no era del todo consciente del don que le había sido otorgado, sabía cómo utilizarlo. Ese regalo dio alas a sus pinceles, a sus pinturas, a sus lápices de colores, que se deslizaban sobre las hojas de papel siguiendo un sendero que conocían aunque lo recorrieran por primera vez. Y todos los seres, los árboles de los bosques mágicos, las propias hadas quedaron reflejados en ellas. Logró hacer un retrato de todo lo que había visto en sus viajes por el mundo de los sueños y se lo hizo llegar a muchos de esos desafortunados que dudaban de su existencia. Consiguió que sus ojos se iluminaran, y que creyeran en las cosas que hay más allá de lo real.
Desde entonces, no ha abandonado sus armas, y sigue luchando para que la fantasía sobreviva en nuestro mundo. Y, por supuesto, ella no ha dejado de creer. Tal vez eso sea lo más importante.
Laura Calvo
Sentimiento collage
"...No es posible percibir la realidad sin subjetivarla, del mismo modo que tampoco lo es imaginar sin el condicionamiento de la realidad. Y en este sentido ambas categorías resultan en la práctica un conglomerado inseparable.
Para Virginia Calvo esta evidencia no es problemática, muy al contrario, le resulta gratificante, lo que se manifiesta en un discurso plástico donde los seres procedentes de uno y otro mundo conviven con normalidad configurando un único universo. En efecto, las hadas se mezclan con las figuras humanas, estas últimas se metamorfosean en formas vegetales y viceversa.
Pero una vez más el resultado formal vuelve a ser la encarnación de una actitud, de un valor, de una postura. Ahora de esa percepción ambiental múltiple, en la que lo real y lo imaginario conviven en un mismo territorio, es la encarnación de un porte pasional, de un sentimiento collage; los sueños se encarnan en formas, las expresiones estereotipadas conviven con las certezas, y los deseos con la evidencia de lo cotidiano.
La delicadeza ejecutoria de sus formas tejidas sirven a la perfección a esa imagen afable que la autor la posee de la existencia, pero sobre todo se constituyen en metáforas del dicurrir vital mismo...
De ahí que lo verdaderamente significativo sea el pálpito sentimental del sujeto marcado por la orientación de su sensibilidad.
El discurso de Virginia Calvo se inserta por una parte en la tradiciónde la representación simbólica, mientras que su ejecución adopta una de las vías propias del arte de género, como es la confección textil. Ella es en cualquier caso una terapéuta que sutura, una tejedora que confecciona sus paños con trozos de vida y los traslada de una forma literal a sus telas -siempre con un concienzudo parcheamiento- que de este modo se convierten en exquisitos collages. Pero una vez más el resultado formal vuelve a ser la encarnación de una actitud, de un valor, de una postura. Ahora de esa percepción ambiental múltiple, en la que lo real y lo imaginario conviven en un mismo territorio. Encarnación de un porte pasional, de un sentimiento collage.”
Javier Hernando Carrasco